Hoy fue un día especial…

Hoy fue un día muy especial (Feb 16 2013). De hecho, un día de vuelos muy especial. Hace unos años, en 2009, Carolina y yo hicimos uno de nuestros viajes aventura, gracias a las tarifas locas que el mercado de la aviación nacional ofrecía por esos días, debido a que la estrategia de expansión de Aires (ahora LAN Colombia) obligaba a las demás aerolíneas a competir en precios. Fue una oportunidad para viajar barato. Compramos varios tiquetes, entre ellos uno para un viaje a Santa Marta desde Bogotá.

En aquél entonces, yo no era más que un apasionado por la aviación con un sueño muy grande y, hasta ese momento, inalcanzable de cumplir. Pedir cabinazo era el “pan de cada día”. O, bueno, el pan de cada día en el que me montaba a un avión. Sin embargo, ese día fue diferente. Ese día Dios se había encargado de ponerme a mí en ese avión y al comandante en ese vuelo. Tuve la fortuna de conocer a una gran persona, el Cap. Leal, quien en ese viaje, por una razón que él tampoco sabe explicar, me concedió volar en cabina. Para resumir la anécdota, hicimos el trayecto BOG – SMR en un MD-83 (mi avión favorito por esos días), experiencia que recordaré como una de las memorables de mi vida. Durante el vuelo el Cap. no escatimó esfuerzos en hacerme sentir bienvenido y a gusto y en explicarme una que otra cosa del avión. Supe ese día, con mucha más convicción y fuerza, que estaba destinado a ser piloto y que haría lo que fuese por conseguirlo. Supe ese día que había tomado la decisión correcta al retirarme de una multinacional para perseguir el sueño de volar.

Luego de unas de las mejores vacaciones, junto a quien ahora es mi esposa, regresamos después de unos días en la playa a Bogotá. La vida es tan bacana y coqueta a veces con uno, ¡que el Capitán en nuestro vuelo de regreso era el mismo Cap. Leal! (Si en este momento se lo pedimos a control vuelos, créanme que eso no se da…) Estoy seguro de que esos dos cabinazos hicieron que ese viaje fuera uno de los más inolvidables de mi vida.

De nuevo, yo no era más que un pasajero de ese vuelo con un sueño enorme y entrañable por cumplir. No era más que un desconocido que se acercaba a una cabina, luego de un “Ok” entredientado de la auxiliar de vuelo, a presentársele al Capitán como un don nadie y pedirle que lo dejara vivir más de cerca ese sueño de niño pequeño.

Hoy la vida nos puso de nuevo a compartir en una cabina: con la misma jovialidad y cordialidad de aquél día, con el mismo respeto y admiración, con la misma pasión y emoción; pero hoy no fui su pasajero, hoy no viajaba en la sillita incómoda de atrás, hoy estuve sentado al lado derecho, hoy fui parte de su equipo, de su tripulación, hoy fue a mí a quien le dijo “you have control”… hoy fui su primer oficial. Hoy me llené de emoción y orgullo y eso hizo que mi día fuera muy especial.

Gracias Dios.

And that’s just one of the reasons why I totally love my job!

:D

Piloto y Copiloto

Capitán y Primer Oficial

Guardado en: La vida en la línea

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Sobre el autor: Primero Dios. Amante y apasionado de la aviación desde que tiene uso de razón, Ingeniero de Sistemas sin grado, Aviador de corazón, A320 F/O, Entrepreneur, Geek, amante del Internet, la fotografía, los viajes y el buen vivir.

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