De la visualización al hecho (La echada al agua)

La continuación de esta historia es algo más o menos así…

Luego de renunciar al “trabajo de los sueños” para cualquier joven recién egresado y de mi edad (en multinacional, en la capital y toda la vaina), regreso a Popayán para descansar por un tiempo y disfrutar del hotel mamá. Mi casa en Popayán es un lugar que me produce una paz y una tranquilidad infinita. No solo se siente uno “protegido” y excelentemente bien atendido, sino que es un lugar en el que uno puede reconfortarse de verdad. Además, Popayán es una ciudad de cierta manera muy tranquila, así que eso ayuda en ese aspecto.

Allá continuaría trabajando en mis proyectos, en la búsqueda de una libertad profesional y económica y en el progreso de mis emprendimientos; por supuesto que también disfrutaría de las cosas que me apasionan en la vida como la fotografía y la aviación. La verdad es que no hubo mucha aviación (a veeerr… ¡estaba en Popayork!) pero sí mucha fotografía y una interesante mezcla de las dos: spotting. Decidí comprarme una cámara “más profesional” para no tener que volver a pedirla prestada y para poder disponer de ella a mi gusto. Terminé enamorándome de la Nikon D5000 (siempre me han gustado las Nikon, ¡pero nunca había estado dentro de mis planes tener una! :P ), los que me conocen sabrán que soy un tipo “de arranques” y cuando me da por algo, me da… así que decidí “echarme al agua” (me verán usar muy seguido esa frase) y comprarla sin vacilar. La cámara es una mezcla perfecta de funciones avanzadas, calidad, buen precio y durabilidad. Compré un kit en el que venía un lente gran angular 18-55mm y un tele 55-200mm perfecto para spotting. Agregué también otras cositas y accesorios como control remoto, maletín, estuche, kit de limpieza, entre otros. La D5000 es casi una D90 (tiene exactamente el mismo sensor, es decir exactamente la misma calidad) con algunas funciones adicionales y sin algunos botones y funcionalidades (como un LCD adicional que muestra algunos parámetros importantes que la D5000 muestra en el visor) que la D90 sí tiene, por un precio mucho menor. Le he sacado el jugo a esa cámara hasta más no poder.

Durante esos meses hice varios viajes a Bogotá, viajes de “negocios y placer”, jejejeje; muchas salidas fotográficas y de spotting en Popayán, incluso a Cali también; y hasta un viaje a Santa Marta con Caro, en el que le di palo a la cámara hasta que me cansé. Salieron fotos muy chéveres, que pueden apreciar acá: Viaje Santa Marta 2009.  A finales de diciembre hubo viaje familiar a Estados Unidos (viaje que no estuvo completo porque mi hermano Juan Camilo no pudo ir… pobrecito él… ¡se perdió del viaje a los “mayamis” porque anda por allá disfrutando del viejo mundo en Italia!), básicamente estuvimos en Miami y fuimos un día a Fort Lauderdale. Fue un viaje de “shopping”, de disfrute, de conocer, algo de playa, y más “shopping”, ¡ja!. Pueden ver el resultado de la jornada fotográfica y del viaje en general acá: Fotos Viaje Miami 2009 Parte 1 y acá: Fotos Viaje Miami 2009 Parte 2.

Claro está, no podía faltar el spotting (qué tal pues yo estrenando “juguete” nuevo, en aeropuerto nuevo y no aprovechar 1 día de spotting en MIA donde el la fotrografía de aviación es una actividad lícita y fomentada — no como acá que lo tratan a uno de criminal —), así que cuadré un día del viaje para volarme con mi hermano menor y con un muy buen amigo de Aviacol, Don Jaime Escobar, a quien con cariño llamamos “la Biblia de la Aviación Colombiana”, jejejejeje, y quien además es el padre de mi buen amigo Santiago Escobar, reconocido y consagrado spotter colombiano. Jaime ha escrito gran parte del contenido histórico de Aviacol.net, para los interesados los invito a visitar el sitio y conocer sus artículos. El resultado de la jornada fue una exitosa tarde de spotting, de la cual pueden ver una muestra aquí: Spotting KMIA/MIA 2009, y una visita muy interesante a casa de Jaime, quien nos mostró su impresionante colección de material histórico sobre la aviación colombiana. De verdad que lo que Jaime guarda es único e inconseguible.

“Anyway”, como dirían los gringos, ese viaje cerró un año que, si bien es cierto estuvo muy alejado de la aviación (a excepción de las jornadas de spotting y uno que otro evento y oportunidad aquí y allá…), fue un excelente año para mí; uno de decisiones importantes. Ese 2009 fue el periodo de preparación previo al inicio de mi más anhelada aventura: mi sueño de volar.

Ya les conté que había tomado la determinación de enviarle los mensajes apropiados a la vida para que me ayudara en la tarea de iniciar mi sueño. La siguiente es una prueba fehaciente de que desde siempre he estado decidido a cumplir lo que me propongo en la vida. Alguna vez leí en un libro, de los varios que me he leído durante los últimos años, que uno debe escribir y poner en un lugar visible las metas que se propone. Pues bien, justamente eso hice por allá en 2007 y colgué el papel en un corcho que tuve siempre a la vista en Cali, mientras estaba en la Universidad, y luego en Bogotá cuando me vine a trabajar en P&G.

Corcho con mis metas, visualizaciones, entre otras cosas.

Corcho con mis metas, visualizaciones, entre otras cosas.

He aquí un acercamiento de la prueba:

Los sueños se cumplen

Los sueños se cumplen

Como se pudieron dar cuenta líneas atrás, ese viaje a USA, aunque no era un “sueño” como tal (era más bien una meta que quería cumplir), estaba también en dicha impresión, con fecha y toda la cosa y, efectivamente, ¡a finales de 2009 se dio!

Lo mismo pasó con mi curso de Piloto Comercial (en ese entonces puse Privado para ponerme un paso inicial en la búsqueda de la meta completa, sin embargo luego lo pensé mejor, lo reformulé y le puse de una vez la meta total: Piloto Comercial —por eso está a mano—), que como se estarán dando cuenta en este blog, se hizo realidad este año. ¡La estrategia de escribir tus metas, ponerlas a la vista, visualizarlas y luchar por ellas día a día de verdad que funciona!

El año pasado supe que estaba listo ya, sentía que era el momento, y estaba decidido a hacer lo que fuese necesario para empezar.  Ya no más espera, ya no más postergación, ya no más “sueño”. Ahora sería una realidad. Renunciar a la multinacional y decidir emprender el camino de luchar por mis metas y proyectos fue el paso más importante en el recorrido hacia la consecución de mis anhelos superiores. El no depender de un trabajo que me impidiera, en el momento que llegara la hora, echarme al agua sin vacilación y empezar a volar, fue uno de los puntos más importantes. —Muy seguramente el más importante fue haber escrito ese deseo en aquel papel y decirle a mi mente y a la vida que me ayudaran a conseguirlo. Fue un acto consciente y un mensaje claro de lo que quería en la vida—. Yo sabía que en tanto tuviera que decir SÍ y matricularme en una escuela de aviación, o irme del país, porque también contemplé esa posibilidad, simplemente lo haría y no tendría impedimentos ni trabas en el camino para seguir adelante. Éramos mi sueño y yo.

La verdad la experiencia en P&G fue totalmente enriquecedora y fue un año largo de aprendizaje y buenas cosas. Estar en ese mundo empresarial de las grandes ligas me ayudó a abrir la mente en muchos aspectos de negocios, a aterrizar algunas ideas y a aplicar lo aprendido a los proyectos que estoy desarrollando. Además, me dio la oportunidad de conocer y adaptarme a Bogotá, hacer contactos y poner un nuevo punto de partida para mi vida profesional acá en la capital.

El panorama monetario no era muy alentador, que digamos, por los altos costos de la aviación en Colombia, sin embargo eso era algo que no iba a detenerme, ni mucho menos desmotivarme.  Evalué varias opciones en Estados Unidos, y pedí mucha información. Los costos eran similares a los colombianos, con la diferencia de que tenía la oportunidad de vivir allá, y, para los que me conocen, sabrán que me encanta ese país. También estaban las opciones de Argentina y Bolivia, donde el precio se reduce a la mitad, o incluso menos, pero nunca estuve del todo convencido de esas dos opciones. No voy a dar mayores razones acá, porque no viene al caso, lo que sí es cierto es que terminé decidiéndome por hacerlo en Colombia, a pesar del costo.

No me arrepiento de esa decisión (y espero nunca hacerlo) pues me ha permitido volar en unas condiciones de seguridad que muy probablemente no hubiera encontrado en escuelas de Argentina o Bolivia, y en unas condiciones de aprendizaje que quizás no hubiera tenido en Estados Unidos. Dicen que la formación aeronáutica en Colombia es excelente en cuanto a que las escuelas forman pilotos para aerolíneas y no solo “pilotos”, y la exigencia en procedimientos y regulaciones es alta por la topografía de las zonas y las condiciones  en las que uno vuela. Al fin y al cabo lo que yo quiero es volar en una aerolínea, así que eso era una ventaja. No tengo bases para comparar, puesto que no he volado en otros lugares, sin embargo gente que sí lo ha hecho me recomendó mucho estudiar acá. También sé que la preparación que uno tenga para entrar a una aerolínea no solo depende de la escuela y que el compromiso y estudio de uno mismo es lo que marca la diferencia, pero me parecía “más derecho y menos problemático” estudiar en Colombia y salir directo a las convocatorias de las aerolíneas; entre otras cosas.

En resumidas cuentas, a principios de 2010 (tal como lo había “planeado” en aquel papel…) se definieron los detalles que tenían que definirse para poder empezar, así que la echada al agua se hizo inminente.

La escuela escogida fue el Aeroclub de Colombia, ubicada en Guaymaral (Bogotá), por varios motivos. Primero, me permitiría estar en la capital y seguir potenciando y desarrollando mis proyectos profesionales (cosa que no hubiera podido hacer en el exterior —o al menos no tan fácilmente—), me permitiría contar con el apoyo y compañía de Caro, y me permitiría estar en la que, muchos dicen, es la mejor escuela de aviación del país (al menos en estos momentos). Eso sin contar con que tendría la oportunidad de volar una variedad interesante de aeronaves: Piper PA-18, Cessna 150, Cessna 152, Piper PA-28 (Dakota, Cherokee, Warrior),  Cessna 172 XP y Cessna 172 SP G1000. La verdad es que el Aeroclub cuenta con unas excelentes instalaciones, equipos en muy buen estado y muy bien mantenidos (una de mis prioridades, porque uno se siente y vuela seguro) y con instructores de excelente trayectoria y calificación. Aunque eso no quiere decir que toooodo sea perfecto, sin embargo de esos detallitos quizás hable en otro post.

Cuando fue definitiva la decisión de venirme a estudiar aviación a Bogotá, lo primero que hice fue llamar a la escuela para averiguar fechas y procedimientos. ¡Oh! sorpresa me llevo cuando llamo y me cuentan que ya no había posibilidad de ingresar al curso que empezaba a tan solo unos 5 días de mi llamada (ya estaba muy encima la fecha y las pruebas y exámenes se demoraban algunas semanas). Eso fue en enero y alcancé a sudar un poco y a estresarme por un momento, pero en la vida (o por lo menos en la mía) las cosas “pasan por alguna razón”. Al menos ha sido mi filosofía de vida, la de ir con el flujo de las cosas, no forzarlas y saber interpretarlas, así que para mí fue una señal que se tradujo en más tiempo para preparar bien las cosas (incluyéndome a mí mismo —aunque hubiera esperado toda la vida por ese momento—), disfrutar las últimas semanas en casa y emprender el viaje. El siguiente curso iniciaría a finales de marzo, así que empecé a planear lo necesario para estar en Bogotá antes y con el suficiente tiempo de anticipación para poder hacer todo lo requerido.

Aproveché mis últimas semanas en Popayán, definí la agenda y compré los tiquetes para estar en Bogotá a finales de febrero y, por fin, ¡empezar mi sueño de volar!

Así empieza mi aventura, pero lo que viene se pone mejor…

… Porque ¡Volar es pasión!

Guardado en: Pre Curso

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Sobre el autor: Amante y apasionado de la aviación desde que tiene uso de razón, Ingeniero de Sistemas sin grado, Aviador de corazón, Alumno Piloto Comercial, Entrepreneur, Geek, amante del Internet, la fotografía, los viajes y el buen vivir.

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